11 abr 2010

Apuntes sobre lo "friki": definición, distinción e influencia en la sociedad.


A finales de cada mes de mayo se celebran en distintas ciudades de España una serie de eventos bastante particulares. Principalmente en las ciudades de Madrid y Barcelona pueden verse grupos de personas con kimonos, cadenas, espadas láser, pelucas, katanas y un sinfín de accesorios más. Los hay muy jóvenes, de entre quince y diecinueve, y los hay también más maduros (de más de treinta).
Todos se reúnen para celebrar el Día del Orgullo Friki, iniciativa que surgió de algunos usuarios de Internet, que a través de distintos foros mostraban el deseo de reunirse y compartir el gusto por distintas aficiones o hobbies. ¿Pero qué es un friki? ¿Lo serán solamente aquellos que se reúnen ese día? Es más, ¿nos referimos todos a la misma realidad cuando se usa esta palabra? Su significado se ha diluido en cosas muy distintas. Y en muchos casos cuenta con valor peyorativo. Para comenzar este ensayo, convendrá ver los orígenes y la definición más aceptada:

Friki o friqui (del inglés freak, extraño, extravagante, estrafalario, fanático), es un término coloquial, peyorativo en algunos casos, no aceptado actualmente por la Real Academia Española, usado para referirse al individuo de apariencia o comportamiento inusual, que se muestra interesado u obsesionado en un tema muy específico del que se considera fanático. Estos temas, conocidos como cultura friki, suelen estar centrados en la ciencia ficción, la fantasía, el manga, el anime, los videojuegos, los cómics y la informática (Wikipedia).
A primera vista, podrá parecer poco serio servirse de medios como Wikipedia para un ensayo, pero teniendo en cuenta el tema que nos ocupa su uso se vuelve bastante pertinente. Mientras se habla muy poco en los libros sobre esta realidad, en Internet pueden encontrarse bastantes explicaciones, definiciones y ejemplos.
Una buena parte de los que están metidos en este movimiento se sirven de la red para darse a conocer y expresar sus gustos y opiniones. Aparte, los pocos libros que llegan a tratar el tema del friki citan también esta definición. Es el caso de Jordi Busquet en su libro Lo sublime y lo vulgar. La "cultura de masas" o la pervivencia de un mito.
Volviendo a los orígenes de friki, puede verse cómo el termino era peyorativo ya desde un principio.
La palabra freak se usa en el idioma inglés para referirse a las personas que se distinguían por tener alguna malformación o anomalía física (mujeres barbudas, hombres elefante o personas de estatura anormalmente alta o baja) y que se exhibían en los circos […] Pasando los años, la palabra se usó para referirse también a las personas que se catalogaban de extravagantes, producto de tener por lo menos una obsesión extrema o extraña con un tema en concreto (Wikipedia).
A pesar de lo dicho en Wikipedia, el ámbito de lo que se considera friki no está bien determinado. Algunas páginas web aventuran una tipología: fanáticos de los programas de ciencia ficción o fantasía, lectores acérrimos de cómics, obsesionados con internet, amantes de los animales, etcétera. Sin embargo, la lista podría extenderse aún más, como se verá.
Para entender mejor el fenómeno de los frikis, en especial si nunca se ha pensado al respecto, se hace útil un vídeo presentado al Congreso UNIV 2008 por un estudiante de Medicina de la Universidad de Navarra:


Después de este vídeo introductorio, toca ver más a fondo al grupo que ha sido identificado comúnmente como friki. Como se decía en el Factor F, cualquier tipo de actividad puede convertirse en un fenómeno friki. Entre las más comunes, teníamos a las personas que se obsesionaban por la informática, las historias de ciencia ficción (Star Trek, Star Wars) y fantasía (El Señor de los Anillos), los juegos de rol y los cómics. Pero quizá el movimiento más llamativo para la gente de occidente sea el de los otakú, palabra que se utiliza para denominar a aquellas personas que muestran gran afición por el mundo japonés a través del ánime (dibujos animados), el manga (cómics) y los videojuegos.
El anime muestra unas características estéticas peculiares: ojos comúnmente muy grandes, cabellos de colores variados y facciones faciales femeninas independientemente del sexo. Esto entre otras cosas. Desde un punto de vista temático y cultural pueden encontrarse influencias muy variadas: budismo, romanticismo, fantasía, ciencia ficción, cristianismo, mitología, e incluso historia aborigen de Japón. Hay personas que consideran la animación japonesa desde un punto de vista artístico y lo contrastan con la la producción occidental, de carácter más plano y comercial.
Paralelamente al anime, en Japón se desarrolla el mundo del cómic o manga. Entre estos dos suele haber interacción ya que, después de todo, el anime es manga en movimiento. Luego, si la afición es grande, se hace el videojuego. Tanta ubicuidad del mismo fenómeno hace más comprensible que los fans terminan disfrazándose de sus héroes. Tómese por ejemplo, la serie Naruto:
Ánime
Manga
Videojuego
Cosplay
En todas partes del mundo pueden encontrarse grupos de interesados por lo nipón. Este fenómeno es bastante fuerte en España. Lo demuestra un reportaje que salió en Espejo Público, un programa de Antena 3, en septiembre de 2009. En el vídeo se presentan, sobre todo, personas inmersas en la actividad conocida como Cosplay (etimológicamente del inglés costume play), que consiste en vestirse como los personajes de las series anime.:
Con esto ha podido observarse como a partir de un gusto en particular puede llegarse a múltiples manifestaciones. Hemos utilizado de ejemplo un programa de origen japonés, pero fenómenos parecidos pueden darse con otras series. También han llegado a disfrazarse los fans de Star Wars, Star Trek (conocidos como trekkies) o los clásicos superhéroes.
Después de todo lo dicho, cabe preguntarse: ¿Son estas personas directamente frikis? ¿Ser admirador de la animación japonesa, por seguir con nuestro ejemplo, lo hace a uno raro automáticamente? Quizá los disfraces muestren ya de por sí una buena dósis de enajenación, pero ¿son obligatoriamente negativas estas manifestaciones?
Es cierto que en ocasiones se puede terminar atrapado en un mundo de ficción, tal y como se decía en Espejo Público. Se han dado varios casos en los que se pierde contacto con la realidad (véanse otros más). Pero también puede apreciarse en ocasiones casos de verdadera institucionalización y absorción de estos movimientos. Ahí están para probarlo el proyecto de Biblia Manga, lanzado para hacer que la gente jóven se interese por las Sagradas Escrituras, o la combinación de influencias: animación sobre el Siglo de Oro español realizado con estética japonesa. Estos movimientos pueden ser utilizados para encausar a la juventud y conseguir mejores respuestas sociales que no necesiten de las drogas, por ejemplo. Ya lo afirmaba el profesor Parina en el programa.
Generalmente se asocia friki con un tipo de actividad insana, infantil y antisocial. Y en varios casos este juicio es verdadero debido a lo obcecadas que pueden mostrarse las personas en esa actividad. Jordi Busquet afirma en su libro que es específico de este grupo el realizar cosas inusuales, poco corrientes:
Friki es alguien que destaca por sus gustos o aficiones poco comunes y que generalmente se desentiende de los gustos y aficiones de la mayoría. No le interesan ni los deportes más populares, ni los programas de televisión que se emiten en prime time (Busquet 144).
Con esta descripción, Busquet señala aspectos importantes del friki, pero me parece que no se hace con el fenómeno en su esencia. Cómo ha podido verse, el término puede aplicarse a un amplio espectro de realidades.
Visto con detenimiento, me parece más definitorio lo planteado en el Factor F: lo friki , si es que el término debe existir, viene dado por el nivel de obsesión en una actividad y su consecuente aislamiento de la realidad. No sería tanto la afición, sino el nivel de fijación por ella, que llevaría como consecuencia a conductas antisociales.
Resumiendo, lo friki per se es la adicción, no la actividad. De lo contrario, caeríamos en relativismos culturales, ya que en España podrían considerarse frikis ciertos comportamientos que en otros sitios serían vistos como normales, y viceversa. Esto último no es difícil teniendo en cuenta que, para muchos, España cuenta con una muy particular forma de entender el mundo. Es bastante conocido el dicho "Spain is different".
Busquet aventuraba una segunda definición:
También existe una nueva acepción de friki en relación a aquel personaje mediático que destaca por su originalidad o extravagancia. Se trata de individuos que no tienen una afición particular ni presentan una anomalía física; son personajes de televisión "creados" para llamar la atención del público [...]. Tal vez el friki español más universal hasta nuestros días es el de Chikilicuatre (Busquet, 144).
A partir de todo lo visto, nos damos cuenta de que esta segunda definición tampoco puede ser válida. Más que de un friki, estaríamos hablando de un actor que ha decido llamar la atención simulando comportamientos extraños e incluso negativos. Aún con todo, esta acepción de Busquet nos indica un factor muy importante para ciertas personas a la hora de tildar a alguien de anormal: para muchos lo friki será toda aquello que vaya contra lo socialmente establecido.
En muchos casos, para juzgar una actividad, se hace importante el tema de la aceptación social. Pero esto, más que ver con los frikis apunta a mecanismos de inclusión y exclusión social, vigentes en determinados círculos sociales.
Los gustos y lo socialmente correcto pueden ser muy relativos. Varían según la localización. Es por ello que me parece un error utilizar este elemento como lo definitorio del término friki. La palabra se haría ociosa e inútil a la sociología si sirviese para denóminar todo aquello a lo que cierto grupo considera raro. Uno tendría que empezar preguntándose primero a cuál grupo social tendría que seguir. Y se daría cuenta que los barémos cambiarían según el país y, en algunos casos, según la región.
Aparte de todo lo dicho, hay que tener en cuenta que lo socialmente establecido, mientras condena cierto tipo de actividades, muestra arbitriariedad muchas veces al ser indulgente con ciertos abusos sólo porque se considera dentro del ámbito de lo normal.
En el vídeo del Factor F se aludía muy al final el tema de los deportes. Se hace curioso que, en algunos casos, pueden también observarse en ellos comportamientos obsesivos. Y sin embargo, nadie considera frikis a estas personas.
Por ejemplo, el fútbol. El fanatismo exacerbado se expresa en acciones tales como pintarse la cara, comprar todo tipo de merchandising del equipo, saltar al estadio, sufrir fluctuaciones importantes de ánimo dependiendo de los resultados del fin de semana e incluso casos de violencia. Ejemplo de ello sería el eterno rencor entre el River y el Boca en Argentina (noticia). Otros muchos casos más, bastante actuales, han sido recogidos en un especial de El País.
Por tener una marcada aceptación social, el fútbol no tiende a ser considerado dentro del terreno friki. Por sí mismo, es un pasatiempo muy sano. Sin embargo, estas noticias demuestran ciertos comportamientos destructivos. ¿Qué es más alienante qué cifrar buena parte de la felicidad en los resultados de un partido? ¿Qué puede ser más antisocial que terminar a palos o incluso en muerte?
Otro ámbito comparable con el deporte es el de la movida. nocturna, que llevada a un límite puede arrastra también efectos negativos. Mírese para ello esta noticia sobre la violencia en garitos nocturnos o esta iniciativa que tuvieron el Ayuntamiento de Sevilla y la Caja de Ahorros San Fernando hace unos años.
El fútbol y la movida cuentan con una marcada aceptación social debido a que son fenómenos de masas, palpables y medibles: multitudes se unen en un estadio para animar a su equipo o para beber y bailar el fin de semana. Otros comportamientos de tipo friki, más asociados al mundo de la informática, la fantasía y los libros, parecen ser más proscritos debido a que la forma de contacto es más sutil y distanciada: se desarrolla por Internet.
Asimismo, las posibilidades de reunir a gente de este entorno son abismalmente menores cuando las comparamos con la inmensa parafernalia deportiva o nocturna. La segunda entrega del Factor F hace hincapié en todas estas cosas:
A partir de todo lo dicho, podemos distinguir cuando menos dos vertientes, aparentemente enfrentadas, de lo friki: una de carácter más físico y gregario, personificada en actividades como los deportes y el ocio nocturno (comúnmente no clasificadas dentro de lo friki). Y otra, la única si atendemos sólo al factor de la aceptación social, de carácter más intelectual e individual como puede ser la encarnada por gustos informáticos, fantásticos y librescos.
Se podrían sacar a las dos una lista de ventajas y desventajas respecto de la otra. Pero lo que nos interesa aquí es dar a ver que, aún siendo parte de una raíz común, la obsesión por temas de la primera vertiente cuentan con una mayor tolerancia en la sociedad. Tienen sus límites, sí, pero mucho más amplios y comprendidos dentro del grupo social si lo comparamos con la mayor facilidad para el rechazo social en el caso del segundo grupo. Esto se debe seguramente al aval que da la presencia tangible de masas a favor de estos frikis "convencionales". Llama la atención lo que decía el profesor invitado al programa de Espejo Público cuando les decía a los otakú cosplay que eran otra versión de pijo, pues al igual que estos, pasaban demasiado preocupados por su apariencia.
Como ha podido irse viendo, detrás del fenómeno friki se encuentran muchas elementos clave a la hora de entender mejor la cultura global en la que vivimos: las actividades lúdicas, las aficiones, el deseo de distinguirse de los demás matizado a su vez por la necesidad de pertenecer a un grupo, la introducción de las nuevas tecnologías como medios de contacto, la influencia de otras culturas a través de la globalización, la aceptación social...
Todo estos elementos influyen y configuran nuestra realidad actual. Una realidad en la que el ocio se han vuelto clave, lo que conlleva a que puedan darse abusos y se haga necesario un nuevo término para denominar este nuevo tipo de alienación del hombre moderno.
Lo importante, en cualquier caso, será identificar el problema, que radica en el mal uso, no en la actividad. De lo contrario, estaremos condenados al relativismo y a la arbitrariedad de las nuevas corrientes y tendencias sociales.

26 ago 2008

El fantasma de la ausencia.

Nadie es más solitario que aquél que nunca ha recibido una carta.

-Elías Canetti.
Hmm... ¿En este mundo globalizado y autómata será posible todavía el hablar sobre correspondencia? ¿No será que Elías Canetti(1905-1994) nunca llegó a conocer, y por tanto apreciar, las ventajas del teléfono móvil, del Msn o incluso del todopoderoso facebook? Ha de apuntarse que Canetti muere en los años que aparece internet y se da el boom de la telefonía inalámbrica. Sería, de este modo, una cuestión de época la que lo hace pensar así. Y sin embargo, aunque él no haya admirado las maravillas del nuevo milenio, hay algo en este aforismo que deja pensando. Y es que en realidad hay un secreto placer detrás de las cartas.
¿Qué hace tan especial a un pedazo de papel con unas líneas garrapateadas? Como en muchos casos, habrá que saltarse el mero hecho material y profundizar en lo que está detrás. Siempre, tras una carta escrita, hay una persona que le escribe a un destinatario ausente. Este, a su vez, al cabo de un tiempo, recibe un mensaje de alguien que está lejos, bien en el otro confin de la tierra, bien en la casa de al lado. Y es en este juego de ausencias donde está la clave. Kafka (1883-1924) pensó mucho sobre el asunto. En una carta a la señorita Milena, escribe:

La sencilla posibilidad de escribir cartas debe de haber provocado -desde un punto de vista meramente teórico- una terrible desintegración de almas en el mundo. Es en efecto una conversación con fantasmas (y para peor no sólo con el fantasma del destinatario, sino también con el del remitente)[...]. ¿De dónde habrá surgido la idea de que las personas podían comunicarse mediante cartas? [...]. Los besos por escrito no llegan a su destino, se los beben por el camino los fantasmas [...]. La humanidad lo percibe y lucha por evitarlo; y para eliminar en lo posible lo fantasmal entre las personas y lograr una comunicación natural, que es la paz de las almas, ha inventado el ferrocarril, el automóvil, el aeroplano, pero ya no sirven, son evidentemente descubrimientos hechos en el momento del desastre. El bando opuesto es tanto más calmo y poderoso, después que el correo inventó el telégrafo, el teléfono, la telegrafía sin hilos.

Aquí Kafka hace, irónicamente a través de las cartas, una apología contra la correspondencia. Para él, el mundo epistolar no es más que la creación de un patio dónde unos fantasmas interactúan; y estos fantasmas, seres creados por la ausencia, no tardan en ahogar todo vestigio de verdad tras el artificio, digno de una obra de ficción, que constituye lo escrito (pues bien podemos mentir). Aquello que no tiene sentido hasta que le es dado por otro (en este caso el destinatario). Verdaderamente, Kafka acierta en apuntar los peligros detrás de cualquier comunicación que no es cara a cara. Por eso es que al final del texto habla de una guerra entre los hombres, que buscan acercarse físicamente a través de nuevos inventos, y los fantasmas, que ante tales casos van produciendo más artefactos de comunicación a distancia. Y esto, con gran éxito: nadie me negará que muchas veces es más fácil expresarnos cuando el otro no está presente. Ahora bien, tampoco podrá refutarse que al leer aquel conjunto de letras o escuchar esa voz tan lejana, muchas veces nos sentimos más cerca de quien o quienes nos interpelan. Es como si pudieramos tocarlos. Es así como alternamos distancias con cercanía y llegamos al meollo de la situación. En mi opinión, el problema no estriba tanto en perder el contacto, ya sea cara cara, ya sea a miles de millas, sino que el verdadero dilema se encuentra en el estar próximo al otro y no tener nada que decir. ¿No han notado como los distintos mensajes tanto en la red como fuera de ella son cada vez más escuetos? Es ahí donde se cumplen verdaderamente los miedos de Kafka. Al estar lejos, y por escrito, podemos mentirnos, sí; pero también podemos hacerlo estando cerca. La auténtica desintegración de las almas es tener todos los medios, físicos o logísticos para permanecer juntos y, sin embargo, no tener nada que decirse. Ser seres vacíos, genuinos fantasmas de la ausencia que no pueden tomarse un segundo en su agitada vida para pensar en el otro y darle un pedazo de su alma y así permitirle al otro ser parte de uno mismo. Es bajo esta premisa que vuelvo a la cita de Canetti y a su significado más profundo. La carta sólo es un medio. Maravilloso, sí; pero un medio al fin. Lo verdaderamente importante es tomar el tiempo para acercarnos al otro desde la ausencia. Y para eso, bien puede valer cualquier medio que se invente (msn, teléfono móvil, facebook, telepatía...), siempre que con él lleguemos a poder darnos al otro, sea el vecino de al lado o al amigo allende los mares. Es de este modo, como no llegaremos a estar solos.

11 ago 2008

Volver.

Se viaja no para buscar el destino sino para huir de donde se parte.
- Miguel de Unamuno.
¿A quién no le gusta viajar? ¿Quién no disfruta de conocer lugares nuevos y exóticos, recrearse con nuevas fragancias y sabores y hacerse, en definitiva, con experiencias y sentimientos hasta ese momento desconocidos? Supongo que este bosquejo no dejará a nadie indiferente... sobre todo si se hace en primera clase. Miguel de Unamuno (1864-1936) , sin embargo, no es tan inocente al hacer esta sentencia. Ha de decirse que este enrevesado señor, antiguo rector de la universidad de Salamanca y también por aquel entonces catedrático de griego, nos presenta aquí un dilema: ¿verdaderemente, todo viaje que hacemos consiste solamente en una huída de la realidad? Detrás de todo esto hay un tema muy antiguo, conocido como el del homo viator, el hombre que viaja hasta llegar a su destino. Ya que los griegos eran tan queridos por D. Miguel, pongamos por ejemplo aquel libro que todos conocen y menos han leído: La Odisea, la célebre obra en la que el héroe Ulises (u Odiseo) sigue un tortuoso camino para volver, después de la guerra de Troya, a su querida tierra Ítaca. Mucho se ha dicho sobre la imagen del camino que hay que recorrer durante la vida. Unas veces se trata de verdaderos espacios, como en el caso de Ulises. En otras, el único recorrido es aquel que se hace en la vida y en la mente. En esta categoría entran las novelas de aprendizaje en las que el héroe poco a poco se va desarrollando a través de distintas pruebas (vease El Aprendizaje de Wilhelm Meister ). A veces, también podemos encontrarnos un trayecto que engloba tanto lo espacial y físico como lo intelectual y moral. Mi ejemplo favorito en este caso es el El Hobbit de Tolkien (1892-1973), aunque creo que para este caso viene más a cuento el otro título que tiene y que intencionalmente dejo en inglés: There and back again. Y es que para los antiguos, incluídos los griegos, esto era el viaje: un ir, para volver de nuevo al hogar querido. En el trayecto podrán haber pasado cosas muy buenas, o malas. Se podrán haber hecho excelentes amigos o haber encontrado increíbles tesoros. Muchas veces el mismo viaje te mostraba cual era el lugar a dónde se pertenecía, aunque no se viniese originalmente de ahí. Sin embargo, el desenlace siempre era el mismo: encontrar o volver a aquel lugar querido donde se pertenece. Ha de decirse, llegado a este punto, que para los griegos el peor castigo era el desarraigo, el eterno vagar sin sitio ni refugio. No obstante, Unamuno, un hombre muy atormentado intelectualmente y a su vez muy hijo de los tiempos modernos, hace eco tal vez sin saberlo, de aquello que dijo Kavafis (1863-1933) recordando la historia de Ulises:

Traducción: Kavafis, con su poema Ítaca, que aconsejo leer por completo, viene a reflejar una idea muy de los tiempos modernos: ya no existe aquello del Home sweet home. Esta idea, cultivada por autores como Joseph Conrad, Sebald, Beckett e Ishiguro entre muchos otros viene a decir esto: se ha perdido el concepto del hogar querido y subiste en cambio un eterno deambular sin retorno. El hombre se encuentra solo y errante en el mundo. No hay Ítaca dónde llegar. Es así, en un ambiente en el que no existe sitio fijo, donde solamente queda el viajar de un lugar insoportable a otro. Y es aquí dónde llega D. Miguel: el eterno exilio que consiste en un continuo huir. Desentrañar la complicada maraña filosófica y vital detrás de esto excede mis intenciones (tal vez en otro lugar y en otro momento). Me gustaría quedarme, no obstante, con esta nueva perspectiva que la modernidad ha traído, y recordar aquella otra mencionada anteriormente por There and back again. Aquella en la que el viaje tiene un fin con una promesa de eterno retorno a aquello que más amamos y que podemos llamar hogar. Tolkien también era un hombre de los tiempos modernos, salvo que era más fiel a la tradición griega, que bien vista incluye muchas otras culturas. Tanto él, como muchos otros, mostraron su fe en el fin del camino, en la visión del viaje como una preparación para aquello a lo que se aspira. Seguir un camino sin llevar destino alguno a cualquiera le parecería una tontería. No solo a lo griegos. Lástima que Unamuno, catedrático y todo, no haya aprendido más de ellos. Después de todo, si verdaderamente se econtrara aquello para lo que estamos destinados, aquello que podemos llamar hogar, tal vez ya no sería necesario huír. Tal vez todo sea cuestión de buscar con más fuerza, de aventurarse en nuevos caminos, de mirar en las vías secretas del alma de cada uno. Ya dependerá de cada quien tomarse en serio o no el viaje. En mi caso, sin embargo, prefiero un billete de ida y vuelta.

3 ago 2008

Anatomía del arribista.

Los que dejan al rey errar a sabiendas, merecen pena como traidores.

-Alfonso X el sabio.

Hay mucha sapiencia detrás de estas palabras. Lástima que, desde el punto de vista práctico, este refrán haya tenido tan mala pata. Sólo falta ver unos siglos atrás para darse cuenta que no hubo mucha gente aconsejando a los reyes durante --relativamente-- estos últimos tiempos. Vivo ejemplo de eso son la revolución estadounidense, la francesa, la rusa y un buen etcétera. De aquí podría hacerse mucho comentario político que podría oscilar desde Dieu et mon droit hasta El pueblo al poder; pero en realidad ese aspecto no me interesa. Antes bien, me interesa más el preguntarse sobre esta plaga de lo que D. Alfonso llamaba traidores: ¿se murieron con las monarquías absolutistas? En mi opinión, no es así. Todavía tenemos en la actualidad una amplia y extensa gama de arribistas. Los hay de todos los colores, tamaños y sabores. Esto sin mencionar que están en todos los estratos. No sólo en las vetustas cortes de los reyes. Existen unos que son melifluos y delicados, con una lengua más suave que la seda a la hora de hacer lisonja. Los hay también aquellos que saben granjearse la confianza alternando palabras y silencios. Luego tenemos aquellos que se ganan a todos con lujosos y exuberantes regalos. Estos son algunos cuantos. Sin embargo, no hay que olvidar que, detrás de las distintas técnicas, existe un mismo fin: utilizar. Y es así como se salen con la suya. No violentan, no atacan, no hacen ningún daño aparente a nadie. Solamente cometen el peor de los crímenes: mentir y ocultar a cambio de favores. Eso, y dejarte caer en el vacío mientras no perjudique sus planes. Es así como se granjean una falsa amistad. Contra esta mala calaña sólo cabe un tipo de defensa: estar atento. No de una manera maquiavélica y paranoica por supuesto. Bastará, supongo, estar ojo avizor a aquellos que están con uno no sólo en tiempos de banquete, sino también en aquellos de dolor y necesidad. Lástima que ya no se den castigos por alta traición en estas épocas... Bueno, supongo que por algo será.